El turismo regenerativo, otra mirada sobre Transilvania
Junto a Cristian Cismaru, promotor del turismo regenerativo y miembro de la asociación My Transylvania, recorremos varios proyectos locales que están dando nueva vida a las comunidades rurales de Transilvania. «Transylvanian Brunch» reúne a viajeros y vecinos alrededor de la cocina local y de recetas recuperadas del pasado. Al mismo tiempo, «Țara Colibelor» impulsa la restauración de antiguos refugios pastoriles de montaña con ayuda de voluntarios y turistas. El recorrido nos lleva también hasta lugares tranquilos como el pueblo de Șomartin y muestra cómo la gastronomía puede convertirse en una forma de preservar la cultura local.
Daniel Onea, 28.05.2026, 14:32
Junto a Cristian Cismaru, promotor del turismo regenerativo y miembro de la asociación My Transylvania, recorremos varios proyectos locales que están dando nueva vida a las comunidades rurales de Transilvania.
«Transylvanian Brunch» reúne a viajeros y vecinos alrededor de la cocina local y de recetas recuperadas del pasado. Al mismo tiempo, «Țara Colibelor» impulsa la restauración de antiguos refugios pastoriles de montaña con ayuda de voluntarios y turistas. El recorrido nos lleva también hasta lugares tranquilos como el pueblo de Șomartin y muestra cómo la gastronomía puede convertirse en una forma de preservar la cultura local.
«“Transylvanian Brunch” nació hace 19 años y hoy es ya un proyecto consolidado. Se trata de un evento centrado en la gastronomía local y de temporada, creado para atraer visitantes a las zonas rurales. Nuestro principal objetivo es apoyar a las comunidades locales y ofrecerles oportunidades de desarrollo a través del ecoturismo. En la práctica, es una comida comunitaria en la que los participantes hacen degustaciones de platos preparados por los habitantes del lugar. Los preparativos comienzan varios días antes y la idea es que los visitantes escuchen las historias del pueblo mientras comen. El evento tiene tres partes. Las dos primeras horas están dedicadas a la gastronomía, momento en el que los visitantes descubren antiguas recetas de boda y especialidades locales. Después llega el recorrido por los monumentos del pueblo y sus alrededores. La última parte consiste en un taller práctico en el que los participantes aprenden un oficio tradicional y se llevan un recuerdo auténtico del lugar. La comida es el elemento que atrae a la gente a los pueblos, pero después les mostramos historias relacionadas con monumentos naturales o históricos que necesitan protección o restauración. Así, lo que comienza como un evento gastronómico acaba convirtiéndose también en una iniciativa solidaria.»
Más allá de las colinas y de los eventos organizados al pie de las aldeas, este modelo de implicación llega también a zonas de mayor altitud. Un ejemplo es el proyecto que combina el esfuerzo comunitario con el turismo de nicho y el deporte de montaña.
«“Țara Colibelor” se desarrolla en las zonas subalpinas y alpinas del distrito de Sibiu, donde se encuentran los montes Lotru y Cindrel. A diferencia de los eventos de las zonas de colinas, este proyecto está pensado, ante todo, para la comunidad. Cada año, dentro de una escuela de verano, estudiantes de arquitectura renuevan el tejado de una cabaña pastoral. La chapa metálica, que se recalienta y altera el paisaje, es sustituida por tablillas tradicionales de madera. El desván se transforma en una habitación donde los turistas pueden dormir sobre colchones rellenos de heno fresco, renovado cada año, con un confort adaptado al entorno. Para financiar estas obras organizamos una carrera de montaña llamada “Burduf Challenge”. El evento celebra el producto emblemático de la zona de Râu Sadului: el queso “brânză de burduf”. Cerca de la festividad de San Elías, los caballos bajan de la montaña con el primer queso del año, que luego se ofrece a los participantes en el pueblo. Parte de la cuota de inscripción se destina a la restauración de las cabañas. Así se crea un ecosistema en el que aficionados al senderismo y a las carreras de montaña contribuyen directamente a la conservación del patrimonio de montaña.»
La recuperación del patrimonio montañés va de la mano de la preservación de antiguas recetas tradicionales. La gastronomía sigue siendo uno de los pilares de la identidad local, explica Cristian Cismaru, promotor del turismo lento, y conservarla implica documentar cuidadosamente las técnicas tradicionales.
«Hemos documentado dos temas esenciales: “La historia del pan” y “La historia del queso”. El objetivo era demostrar que la naturaleza ofrece los ingredientes básicos, pero que son las personas y la cultura local las que aportan valor añadido. Investigamos una zona concreta y documentamos todos los tipos de pan que existen allí, desde los más habituales hasta los elaborados según recetas ancestrales, utilizando distintos tipos de masa madre, con una textura densa y un color oscuro. Compartimos estas historias en internet para mostrar el esfuerzo de las personas que respetan y valoran los ingredientes naturales.»
Este enfoque, en el que el visitante deja de ser un simple espectador para convertirse en parte activa de la comunidad, define una nueva manera de viajar cada vez más apreciada por los turistas internacionales, afirma Cristian Cismaru, de la asociación My Transylvania.
«Promovemos intensamente este concepto, al que llamamos “turismo regenerativo”. Participando en un evento solidario para restaurar una iglesia fortificada o en una competición deportiva destinada a rehabilitar una cabaña pastoral, el turista contribuye directamente a la conservación de la zona. Los oficios tradicionales, ya sea la carpintería, la elaboración de tejados de madera, la producción de queso u otros trabajos manuales, forman parte de la experiencia turística. El visitante se adapta al ritmo local: si llega por la noche, puede ayudar durante el ordeño de las ovejas; si llega durante el día, puede participar en la siega. Es un cambio de paradigma y muchos turistas extranjeros se muestran muy receptivos a estas actividades que nosotros todavía consideramos tareas cotidianas más que formas de ocio.»
Además del trabajo junto a los habitantes locales, Transilvania ofrece también el refugio perfecto para quienes buscan desconectar por completo, en lugares donde el turismo de masas todavía no ha llegado.
«Valoro muchísimo las zonas donde todavía se conserva la tranquilidad, donde no existe tráfico intenso y donde el turismo de masas aún no ha llegado. Recomiendo especialmente un triángulo de pueblos situado en la región de la meseta de Hârtibaciu: Șomartin, Săsăuș y Veseud. Para llegar allí, realmente hay que querer hacerlo. Una vez allí, siempre tienes al fondo la panorámica de los montes Făgăraș y estás rodeado de iglesias fortificadas. Se respira una tranquilidad profunda que invita a escuchar los pájaros y sentir el aroma de los prados. Es un lugar que recomiendo en cualquier época del año. Les esperamos con mucho gusto en nuestros pueblos, donde la gente sigue haciendo las cosas con sus propias manos, con alegría y habilidad. Nuestro papel es simplemente guiarlos para que se abran a los visitantes. Esperamos que nuestras atracciones merezcan el viaje. Una vez aquí, experimentarán lo que nosotros llamamos “la dilatación del tiempo”. Aquí el tiempo transcurre de otra manera. ¡Les esperamos!»
Así, el turismo adquiere una nueva dimensión cuando el respeto por la naturaleza, el patrimonio y el trabajo de las personas se convierte en una prioridad. Viajar por los pueblos de Transilvania no significa solo escapar de la ciudad, sino también redescubrir valores esenciales y contribuir directamente al futuro de las comunidades locales.
Versión en español: Valeriu Radulian