210 años de enseñanza católica en Bucarest
La enseñanza confesional católica en el espacio rumano cuenta con una historia de varios siglos. Se implantó antes en Moldavia, ya que allí había diócesis católicas desde finales del siglo XIII. En Muntenia hubo intentos de organización religiosa romana que, sin embargo, no resistieron la inestabilidad provocada por las migraciones de los siglos XI-XIII. La aparición de la Iglesia greco-católica en Transilvania a finales del siglo XVII supuso la introducción de la enseñanza católica en lengua rumana, en la que el latín ocupó un lugar central.
Steliu Lambru, 23.03.2026, 12:24
La enseñanza confesional católica en el espacio rumano cuenta con una historia de varios siglos. Se implantó antes en Moldavia, ya que allí había diócesis católicas desde finales del siglo XIII. En Muntenia hubo intentos de organización religiosa romana que, sin embargo, no resistieron la inestabilidad provocada por las migraciones de los siglos XI-XIII. La aparición de la Iglesia greco-católica en Transilvania a finales del siglo XVII supuso la introducción de la enseñanza católica en lengua rumana, en la que el latín ocupó un lugar central.
Rodica Miron, directora del Colegio Romano-Católico «Sfântul Iosif» (San José) de Bucarest, ha destacado la importancia del greco-catolicismo en el desarrollo de la enseñanza católica en Rumania.
«Sabemos que la Iglesia greco-católica existía ya a principios del siglo XVIII, desde 1698, cuando una gran parte de los ortodoxos de Transilvania se unieron a Roma. Desde entonces surgió la cuestión de la enseñanza al estilo europeo, con métodos procedentes de Viena y Occidente. Se hizo mucho hincapié en el cultivo de la lengua rumana, es decir, el pueblo debía entender lo que aprendía. Por supuesto, el latín se enseñaba en todas las escuelas y constituía un puente de conexión con Occidente y con los estudios superiores que vendrían después. Siguiendo este modelo, que funcionaba en Transilvania, los príncipes de Moldavia, Șerban Cantacuzino y Constantin Brâncoveanu, se hicieron cargo de la Academia Griega de Bucarest. Si en Transilvania predominaba el latín, aquí, en el sur, se introdujo el griego antiguo. Así nació la Academia Griega de Sfântul Sava».
Aunque se consideraba que el espacio extracarpático era el lugar de residencia de los rumanos, existían grandes diferencias entre ambos países. Una de esas diferencias era la presencia del catolicismo. En Moldavia, la influencia católica procedente de Polonia era más notable, mientras que en Muntenia se notaba con mayor intensidad la influencia ortodoxa procedente del sur de los Balcanes, de Bulgaria y Serbia.
Rodica Miron nos lo explica:
«En Moldavia, la enseñanza católica ya había comenzado gracias a las órdenes monásticas. Se intentó hacer lo mismo, en cierta medida, en Valaquia. Sin embargo, la situación era un poco más complicada en lo que respecta al episcopado. Si en Transilvania, por ejemplo, la escuela cobró impulso gracias al Imperio de los Habsburgo y se llegó a impartir enseñanza en lengua rumana a través de los uniatas y los greco-católicos, en Valaquia fue más difícil. Mientras tanto, la Iglesia ortodoxa también cobró impulso y siempre había visto con recelo esta apertura hacia Occidente, considerándola una forma de proselitismo.Por tanto, en mayor o menor medida, puso obstáculos al impulso de las congregaciones religiosas católicas para abrir escuelas. No obstante, se impartía enseñanza junto a cualquier parroquia».
Sin embargo, el siglo XIX traería grandes cambios a la sociedad rumana. Las ideas modernas, la europeización y la liberación de la influencia oriental del Imperio otomano propiciaron un acercamiento al mundo occidental. Los grandes cambios políticos que se produjeron en el continente europeo durante las guerras napoleónicas y la percepción de las antiguas prácticas de gobierno llevaron a los rumanos a desear otros modelos de vida y de educación.
Años antes de la revolución de 1821, el primer año del siglo que provocaría un cambio importante en el estatus de los principados rumanos, se inauguró la primera escuela católica de Bucarest.
Rodica Miron nos ofrece más detalles al respecto:
«Así llegamos al año 1816, un hito histórico. Por un lado, los fanariotas ya no eran bien vistos por la Sublime Puerta, que había perdido la confianza en ellos al considerarlos poco sinceros. Por otro lado, los rumanos, tanto los de Moldavia como los de Muntenia, estaban cansados de ellos y aspiraban a algo diferente. Entonces, dado que l élite de Bucarest deseaba una escuela occidental, se crearon aquí las condiciones para ayudar a los monjes de la zona y se ayudó a los obispos de Cioplea a abrir una escuela. En 1816, se trajeron a los monjes redentoristas, formados especialmente en Viena, para llevar a cabo este proyecto».
Se trataba de un modelo de escuela moderna en el que se impartía la doctrina cristiana junto con las ciencias y las habilidades.
Rodica Miron afirma:
«También estaban los frailes franciscanos, pero solo impartían catequesis. Sin embargo, el obispo contrató a unos profesores de verdad para que se ocuparan de la escuela, con métodos rigurosos y un plan de estudios adecuado. La escuela combinaba filosofía, lenguas extranjeras, ciencias, matemáticas y topografía. Así que se impartían todas estas materias para poder formar aquí a ingenieros y mecánicos en el futuro. No solo se impartía catequesis, sino que había apertura y se quería una escuela para todo el mundo, no solo para los católicos. Era una escuela gestionada por la Iglesia católica según las normas occidentales».
En los años siguientes, la enseñanza católica se desarrolló a medida que la sociedad rumana avanzaba hacia la modernización. La aparición del Estado rumano en 1859 fue un hito muy importante. La creación de escuelas de élite, como el Instituto Sfânta Maria (Santa María) y el Instituto Notre Dame de Sion, fue una consecuencia natural del espíritu de la época.
Versión en español: Victoria Sepciu