La farmacia en la Muntenia fanariota
La historia de la farmacia moderna en Muntenia se remonta al siglo XVIII, con la intervención de las autoridades en la legislación y la normativa. La farmacia moderna supuso nuevos enfoques de las enfermedades y los tratamientos, incluida la comercialización y el uso de los medicamentos.
Steliu Lambru, 20.04.2026, 12:09
Los historiadores consideran que el periodo de los reinados fanariotas en los Principados Rumanos comenzó en 1718 y terminó, tras más de un siglo, en 1822. Recibió este nombre de los príncipes originarios del barrio de Fanar, en Constantinopla, que se sucedieron en los tronos de los dos Principados Rumanos. El siglo XVIII, o siglo fanariota, fue el siglo en el que la modernidad de Europa Occidental comenzó a tener eco también en el este del continente. Y la modernidad también supuso nuevos enfoques que la medicina y la farmacia adoptaron en el tratamiento de las enfermedades.
Raluca Moței está especializada en la historia de la farmacia en Muntenia, uno de los dos Principados Rumanos. También forma parte del proyecto de recuperación de artefactos que lleva a cabo el Museo Municipal de Bucarest para reconstruir el mapa de las boticas de Valaquia del siglo XVIII. Moței ha estudiado la historia de la legislación relativa a la comercialización de remedios y las prácticas farmacéuticas de la época.
«En los documentos del siglo XVIII aparecen también las primeras menciones de la existencia de unos boticarios, que formaban parte del entorno de los príncipes. En el año 1703, a principios del siglo XVIII, en la Crónica de ingresos y gastos del tesoro de Muntenia aparece registrado el pago de una suma de 30 táleros a un boticario, que acompañaba al príncipe Constantin Brâncoveanu a Adrianópolis. Con la creación de los primeros hospitales, surgen también las primeras boticas, como las situadas en las proximidades del hospital Colțea o del hospital Pantelimon. Allí, los boticarios preparaban remedios a base de plantas medicinales para los enfermos. Paralelamente, se desarrollaron también las boticas particulares, siendo una de las más conocidas la de la posada Șerban-vodă, situada en el centro de la capital.»
La modernidad del siglo XVIII supuso un aumento gradual de la autoridad del Estado y de su firme presencia en el ámbito de la salud pública. Las leyes se hicieron más rigurosas, se intensificó el control de las actividades comerciales relacionadas con los medicamentos, el nivel de competencia de los médicos y farmacéuticos fue regulado por la burocracia estatal mediante decretos, y se consideró prioritaria la seguridad en el ejercicio de estas profesiones. Hacia finales de siglo, se establecieron relaciones de funcionamiento cada vez más claras entre el Estado y la industria farmacéutica. Raluca Moței:
«A falta de una normativa clara, los boticarios ejercían su actividad basándose en disposiciones vagas de los reglamentos de épocas pasadas. Esto hacía que la práctica farmacéutica fuera rudimentaria y careciera de normas. Para remediar la situación, el 20 de noviembre de 1780, el príncipe Alexandru Ipsilanti promulgó las primeras normas oficiales relativas al comercio de medicamentos. Los boticarios quedaron bajo el control del médico jefe del príncipe, que era responsable de la inspección de las boticas, la verificación de la calidad y el control de los precios. Se aconsejaba a los médicos que utilizaran únicamente remedios frescos. El mismo príncipe promulgó el 15 de mayo de 1797 el primer reglamento oficial para la organización de las farmacias. Este imponía el uso de la farmacopea austriaca de 1780 como base para la preparación de medicamentos y remedios.»
Alexandru Ipsilanti es considerado el primer reformador de la farmacia en el ámbito rumano. A su nombre se vincula la continuación de la burocratización del sector.
«El mismo príncipe, en el año 1797, promulgó otra serie de leyes que contribuyeron a la regulación del sector, por las que se prohibía a los boticarios vender productos tóxicos. Asimismo, la mayoría de los productos elaborados en las farmacias debían ir acompañados de una receta expedida por un médico en el momento de su venta. De este documento que recoge las leyes se desprende también que, en aquella época, en Bucarest había un total de nueve boticas, situadas en las principales zonas de la ciudad, en su mayor parte en el centro, en diferentes posadas. Las posadas eran una especie de centros comerciales, con muchas tiendas en la planta baja. Las farmacias encontraron su lugar en esas tiendas porque era mucho más fácil organizar su negocio, ya que en esos lugares había un gran flujo comercial».
A medida que la modernidad europea ganaba cada vez más influencia también en Muntenia, los príncipes fanariotas seguían promulgando leyes que respondieran a las exigencias de las nuevas tendencias farmacéuticas.
Raluca Moței:
«A principios del siglo XIX, la regulación de la actividad farmacéutica se vuelve más estricta. Se pasa de la tolerancia a un control riguroso por parte de las autoridades. El 4 de noviembre de 1819, el príncipe Alexandru Suțu designó una comisión médica para redactar un reglamento sobre la organización de las farmacias. El documento marca un momento importante en la historia de la legislación, ya que en él aparecen, por primera vez, los términos farmacia y farmacéutico. El proyecto introducía un marco de control profesional estricto: los farmacéuticos debían ser examinados por médicos oficiales, y aquellos sin título debían demostrar sus habilidades. Las farmacias estaban obligadas a abastecerse de acuerdo con la farmacopea austriaca de 1814, estaban sujetas a inspecciones periódicas y a sanciones estrictas. Los precios debían ajustarse a las tarifas austriacas de 1814 y la venta sin receta de preparados complejos estaba estrictamente prohibida. La apertura de farmacias estaba condicionada a la obtención de un permiso real, y el comercio de sustancias tóxicas estaba prohibido.»
En la Rumanía del siglo XVIII, la modernidad europea y las medidas burocráticas del Estado marcaron el rumbo del desarrollo de la farmacia y de las nuevas actitudes hacia la enfermedad y la curación. Y el siglo siguiente seguiría el ritmo del ímpetu reformador de la modernización.
Versión en español: Brigitta Pană