Rumanía y el Grupo de los 77
A principios de la década de 1960, Rumanía buscaba definir su propia política exterior, tras haber estado subordinada a los intereses soviéticos desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Así, se orientó hacia el Tercer Mundo, una zona abierta a nuevas relaciones tras el gran éxito del movimiento de descolonización mundial. Y el Grupo de los 77 era la organización a través de la cual se podían defender los intereses de la Rumanía socialista.
Steliu Lambru, 04.05.2026, 13:18
Rumanía, marcada por el trauma de profundos y brutales cambios sociales impuestos por el régimen del partido comunista instaurado en 1945 con apoyo directo soviético, tuvo que reaprender a llevar una política exterior propia que respondiera a sus intereses. Desde 1945 y hasta después de 1958, año de la retirada del Ejército Rojo, la diplomacia rumana siguió la línea de la Unión Soviética, igual que las de los demás países socialistas de Europa Central y del Este.
En ese contexto, el único nombre de la diplomacia de la Rumanía de antes de la guerra que el régimen socialista aceptaba mencionar en términos positivos era Nicolae Titulescu. Se convirtió en el referente de la nueva diplomacia rumana a comienzos de los años sesenta. Diplomático del periodo de entreguerras y defensor del sistema de tratados de Versalles tras la Primera Guerra Mundial, en los años treinta promovió una política antifascista, antirrevisionista y favorable a la Unión Soviética.
Las dos primeras décadas de la posguerra estuvieron marcadas por la descolonización y por una redefinición de las relaciones internacionales, conocida como «nuevo orden mundial». El Tercer Mundo, o lo que hoy se denomina Sur Global, aparecía como una alternativa, liberada de las limitaciones del capitalismo y de la explotación. Se planteaba como una vía de desarrollo distinta, ni capitalista ni socialista, basada en el crecimiento económico y la estabilidad política. Con el paso del tiempo, muchas de esas expectativas no se han cumplido.
Aunque se declaraban neutrales en el plano económico e ideológico, a estos países se sumaron sobre todo estados socialistas que buscaban soluciones a sus propias crisis de sistema. Fue el realismo en la política internacional, por encima de cualquier afinidad ideológica, lo que llevó a Rumanía a acercarse a los países no alineados y al Grupo de los 77, considerado una posible vía.
Creado bajo los auspicios de la ONU en 1964, con el objetivo de reducir las desigualdades económicas, el G77 estaba estrechamente vinculado a las orientaciones y a los proyectos de Naciones Unidas. Rumanía ingresó en 1976 y, en 1978, se convirtió en miembro de pleno derecho del Grupo de los 77 en la UNESCO. De este modo, participó en proyectos culturales, científicos y medioambientales. Junto con la antigua Yugoslavia, Chipre y Malta, fue uno de los pocos países europeos interesados en cooperar con este grupo.
Mircea Nicolaescu fue embajador de la Rumanía socialista en varios países a lo largo de su carrera. En una entrevista realizada en 2001 por el Centro de Historia Oral de la Radiodifusión Rumana, explicaba que las realidades políticas y socioeconómicas condicionaban las decisiones diplomáticas.
«¿Qué ha demostrado la vida? Que en las relaciones entre Estados cuentan el interés y la capacidad de defenderlo; que son relaciones de poder. Nadie nos dio ninguna ventaja por ser un país comunista, pero tampoco se nos perjudicó por ello. Es como una mercancía: se vende si es buena. Lo mismo ocurre con la política exterior: se acepta o no si responde al interés de todos. No se acepta si no hay puntos en común o si no responde a determinadas aspiraciones.
Nuestra política hacia el Tercer Mundo, incluida la forma en que entendimos la no alineación como la necesidad de mantenerse al margen de las grandes potencias por parte de los nuevos actores internacionales, nos fue de gran ayuda. Igual que nuestra participación en el Grupo de los 77.»
Egipto se convirtió en uno de los centros de la nueva arquitectura de las relaciones internacionales y en un referente de la llamada neutralidad entre los bloques del Este y del Oeste. Apoyándose en la fuerza simbólica de la civilización del antiguo Egipto, en la simpatía por la causa egipcia y en la idea de liberación nacional, el régimen de Nasser supo aprovechar al máximo las oportunidades del momento.
Como muchos intelectuales, políticos y parte de la opinión pública internacional, también Mircea Nicolaescu, antiguo embajador en Egipto, se sintió impresionado por su figura. En una entrevista de 1996, destacó su papel en la proyección de Egipto en el Tercer Mundo.
«Otro elemento empezó a tener cada vez más peso: el gran prestigio de Nasser. Lo había adquirido a través de su política interna, junto al grupo de oficiales que impulsó un proceso de democratización paralelo al de liberación nacional.
A ello se sumó la proyección de Egipto en el movimiento de los no alineados y en el Grupo de los 77, especialmente en lo relativo al desarrollo económico. El primer presidente del Grupo de los 77 fue también egipcio. En otras palabras, se trataba de una política de gran alcance.»
Rumanía se acercó al Grupo de los 77 en un momento difícil de su historia reciente. Fue un intento de ver el mundo desde la perspectiva de entonces y de conectarse con nuevas realidades.
Versión en español: Valeriu Radulian