Una rumana tras los pasos de Nansen
Una misión de exploración polar llegó a la zona ártica a bordo del buque Polarstern. La expedición, denominada MOSAiC, contaba con un equipo multinacional de 600 investigadores de 20 países, entre los que se encontraba una rumana de Brașov afincada en Suecia. Oceanógrafa, geofísica e ingeniera de investigación, Adela Dumitrașcu estudia el hielo marino y el impacto del cambio climático en su espesor y estructura.
Ana-Maria Cononovici, 17.03.2026, 12:10
Una misión multinacional de exploración polar llegó a la zona ártica a bordo del Polarstern (Estrella Polar), un barco laberíntico con camarotes para la tripulación y de laboratorios de investigación equipados con todo tipo de material. Durante la expedición, los meteorólogos, biólogos, físicos y oceanógrafos se alojan en camarotes con dos literas, tres por camarote.
La expedición, que recibió el nombre de MOSAiC, se propuso estudiar el cambio climático, un tema cada vez más acuciante, tal y como confirmó Adela Dumitrașcu, una rumana originaria de Brașov y afincada en Suecia, que formó parte del equipo de investigadores.
«Son cambios que vemos con nuestros propios ojos y que, además, se han analizado y corroborado con los datos que recopilamos en esa expedición. Ahora bien, la pregunta es si estamos preparados como sociedad, como humanidad, para afrontar estos cambios, ya que afectarán a todas las zonas costeras del mundo, en mayor o menor medida. Y nuestras sociedades y ciudades se encuentran en las zonas costeras».
Adela Dumitrașcu es oceanógrafa, geofísica e ingeniera de investigación, y estudia el hielo marino y el impacto del cambio climático en su espesor y estructura. En la expedición MOSAiC, los investigadores siguieron los pasos de Nansen, aunque contaron con técnicas mucho más avanzadas.
«La expedición MOSAiC fue la mayor expedición polar organizada desde finales del siglo XIX. Nansen no fue solo un explorador polar. A finales del siglo XIX, todos los exploradores querían conquistar el Polo Norte o el Polo Sur y plantar una bandera en algún lugar. Sin embargo, Nansen era ante todo un científico y su objetivo era llevar su barco a un punto concreto frente a la costa de Siberia, dejar que se congelara con el hielo y, pasados unos años, comprobar si las corrientes se movían realmente a ese ritmo. También estudió el clima y tomó muestras de hielo y de agua. Cuando Nansen llegó al Polo Norte a finales del siglo XIX, el hielo tenía un grosor de cinco metros, por lo que era casi imposible romperlo. Desde entonces, nadie ha estado en el Polo Norte durante el invierno; solo en verano pueden llegar los rompehielos, porque el hielo es más fino. No obstante, el clima ha cambiado y el hielo ya no es tan grueso. Entonces, el Instituto Alfred Wegener de Alemania tuvo la idea de imitar la expedición de Nansen y dejar que un rompehielos quedara atrapado en el hielo en algún lugar cercano a la zona donde Nansen quedó atrapado con su barco, frente a las costas de Siberia, y flotar con el hielo durante un año. Calculamos que esta vez nos llevaría un año flotar con el hielo y llegar al estrecho de Fram. Sin embargo, tardamos menos de un año, concretamente nueve meses, porque el hielo había cambiado por completo y no había estudios al respecto. En teoría, podemos imaginarnos cómo es el invierno en el Polo Norte, pero queremos recopilar datos in situ y no extrapolar los datos de los que disponemos del verano. Para ello, es necesario contar con equipos que permanezcan todo el tiempo sobre el hielo».
El objetivo de la misión era estudiar los modelos climáticos para ver cómo cambiará el clima en el futuro.
Adela Dumitrașcu añadió:
«La idea era estudiar toda la columna, desde el fondo del océano hasta la estratosfera. Para ello, se necesitan muchos equipos diferentes. Hablamos de oceanografía, física del hielo, bioquímica y ciencias atmosféricas. En esta gran expedición participaron 600 investigadores de 20 países que contribuyeron financieramente. Suecia contribuyó tanto económica como logísticamente, ya que contamos con un rompehielos. Nuestro objetivo era permanecer allí desde el inicio de la expedición hasta la llegada de la primavera, es decir, cuando vuelve a aparecer la luz en el Polo Norte, el hielo comienza a derretirse y los gases, que son muy volátiles, llegan de inmediato a la atmósfera. Así que los perdemos del hielo».
Entre las preocupantes observaciones que aún hoy dan que pensar, Adela Dumitrașcu destacó:
«El hielo es mucho más fino y diferente, y tiene un impacto a nivel atmosférico porque se crean esos espacios negros, como los llamamos nosotros, cuando se rompe el hielo. Entonces, el agua del océano, que ya no refleja tanto como debería, tiene un impacto en la atmósfera y la estratósfera. Y, por supuesto, cuando hablamos del océano, vemos que la temperatura ha cambiado, que se ha calentado, aunque solo sea medio grado. Un grado ya supone un gran calentamiento, por eso vemos nuevas especies que se desplazan en el agua del océano. Es normal que, cuando cambia la temperatura del agua, lleguen o se vayan diferentes especies».
La economía, el reciclaje, la reutilización y, sobre todo, la concienciación son las únicas posibilidades para que la humanidad pueda sobrevivir.
Versión en español: Victoria Sepciu