Pueblos de ensueño en la provincia de Alba
Hoy nos dirigimos a los Montes Apuseni y descubrimos la belleza de los pueblos de cuento de hadas de la provincia de Alba. Llegamos a varios lugares donde, como dicen los lugareños, «te duelen las orejas de tanto silencio». Lejos de cualquier ruido cotidiano, muchas de las casas han sido restauradas con cuidado, como si se tratara de un museo viviente del pueblo. Las casas conservan la arquitectura tradicional en el exterior, pero ofrecen comodidades modernas en el interior, con elementos auténticos como los colchones de heno y lavanda. La experiencia se completa con la gastronomía «slow food» y la posibilidad de que los turistas aprendan oficios locales, como el tejido en telar.
Daniel Onea, 18.06.2026, 14:30
La provincia de Alba y, en especial, la zona de los Montes Apuseni atraen cada año a miles de turistas rumanos y extranjeros en busca de autenticidad. El turismo rural ha experimentado una notable evolución en los últimos años y hoy ofrece mucho más que un simple viaje al pasado. Se ha convertido en una experiencia completa que combina de forma armoniosa naturaleza, oficios tradicionales y comodidades contemporáneas.
Un ejemplo representativo es el pueblo de Glod, donde antiguas casas tradicionales han sido recuperadas, restauradas con esmero y reincorporadas a la oferta turística, dando lugar a pequeñas comunidades vacacionales. Para satisfacer las expectativas de los turistas extranjeros y del público urbano, la arquitectura tradicional esconde en su interior instalaciones de última generación. Así, en una de las casas, los visitantes disponen de una piscina al aire libre, una sauna y una salina artificial equipada con halogenerador, reconocida por sus beneficios terapéuticos.
A pesar de ello, la esencia del lugar permanece profundamente ligada al pasado. Alin Mușat, promotor del turismo rural en la provincia de Alba y propietario de una casa tradicional, explica cómo ha logrado mantener ese equilibrio.
«Disfrutamos de las particularidades de los Apuseni, pero también contamos con comodidades modernas. Utilizamos colchones actuales de muelles y todo tipo de mejoras, pero nuestros huéspedes también encuentran el “strujac”. El strujac es un colchón tradicional confeccionado con cáñamo tejido en telar y relleno de paja de avena. Además, colocamos flores de lavanda sobre la cama. Su aroma, combinado con la tranquilidad y el aire puro de los Apuseni, favorece un descanso reparador. Por otra parte, nuestros huéspedes desean participar en las actividades de la casa. Aunque algunos alojamientos tradicionales no tengan animales, pueden ir al pueblo para asistir al ordeño, pasear en carreta o acompañar a los pastores y visitar los rebaños de ovejas. Son actividades muy apreciadas por los turistas, de las que han oído hablar y en las que desean participar. Nosotros organizamos este tipo de programas para quienes nos visitan. Normalmente, las familias con niños quieren asistir al ordeño de vacas o de ovejas, ver las gallinas o jugar con los cabritos, los perros o los gatos. Nos hacen este tipo de peticiones y la experiencia les gusta enormemente, especialmente porque hoy muchos niños ya no saben de dónde procede la leche o cómo es un perro pastor.»
Además de la arquitectura y del entorno natural, la gastronomía ocupa un lugar central en la experiencia de quienes visitan la zona. Alin Mușat destaca la diferencia que perciben muchos turistas extranjeros, acostumbrados principalmente a los productos de supermercado.
«La gastronomía local desempeña un papel muy importante, y los cerca de treinta puntos gastronómicos locales existentes en la provincia de Alba contribuyen de manera decisiva a preservar los sabores tradicionales. Allí se utilizan productos procedentes de las propias explotaciones familiares o de productores de la zona, obtenidos muy cerca de donde se consumen. Muchas veces los visitantes se sorprenden y nos preguntan: “¿Esto es mantequilla o queso? ¿De verdad es mantequilla? Hacía muchísimo tiempo que no veía una mantequilla tan amarilla”. La carne, los huevos, los tomates, todo tiene el sabor auténtico que la gente busca. Nos alegra que los turistas lleguen a Alba y a los Apuseni precisamente para disfrutar de la comida tradicional de la zona, en busca de sabores distintos de los productos industriales a los que están acostumbrados. Recomiendo a todos los turistas, rumanos o extranjeros, que visiten las casas tradicionales y los alojamientos rurales de Alba que prueben la comida casera preparada ese mismo día con productos locales. Nada puede compararse con el sabor de una sopa elaborada con agua de manantial, una gallina criada en el corral y una zanahoria recién sacada del huerto por la dueña de la casa. Tuvimos unos huéspedes belgas que habían traído provisiones para varios días. Cuando se les acabó la comida que llevaban y probaron nuestros platos, lamentaron no haberlo hecho desde el primer día, porque no sabían qué podían esperar. Nos alegró comprobar hasta qué punto apreciaron los sabores tradicionales de una casa rural rumana.»
La experiencia se completa con la participación directa de los visitantes en las actividades cotidianas y con un contacto cercano con la historia del lugar. Alin Mușat considera que el uso de técnicas ancestrales y el esfuerzo por preservar los oficios tradicionales constituyen la principal ventaja competitiva de los Apuseni en el mercado turístico internacional.
«Hacemos pan juntos, especialmente porque en los Apuseni cultivamos alac, un cereal ancestral utilizado ya hacia el año 6500 antes de Cristo. Los huéspedes sienten curiosidad por aprender cómo se elabora el pan de alac, cómo se cocina una sopa tradicional, cómo se prepara el cozonac de Pascua o cómo se organiza la mesa de Navidad. Hemos tenido visitantes que se pusieron ropa de trabajo y, por iniciativa propia, vinieron a ayudarnos con las tareas de la casa sin que nadie se lo pidiera. Es muy importante que quienes llegan aquí sientan la calidez del lugar y pasen a formar parte de nuestra familia. En los pueblos de la provincia de Alba hay numerosos artesanos con talento: algunos fabrican tulnic, un instrumento tradicional de viento utilizado en los Montes Apuseni; otros trabajan la piedra o la madera, mientras que otros elaboran opinci, el calzado tradicional campesino rumano. Nos alegra que todavía haya personas que mantienen vivas estas tradiciones. El trabajo manual, realizado con paciencia y dedicación, es algo que la inteligencia artificial nunca podrá sustituir. Esa es nuestra victoria frente al avance de la tecnología y aquello que nos distingue.»
Entre los visitantes que llegan a la zona destaca también un número creciente de familias jóvenes que buscan alejarse del ritmo acelerado de la ciudad y del estrés tecnológico. A través de talleres creativos y actividades prácticas, el turismo rural ofrece una alternativa cada vez más apreciada frente a la sobreexposición digital, un fenómeno cada vez más extendido.
Alin Mușat, propietario de una casa de vacaciones, destaca el impacto que esta desconexión digital tiene en los más pequeños.
«Organizamos talleres en los que los turistas, y especialmente los niños, pueden elaborar distintos objetos, aprender a hacer fideos caseros o preparar cozonac. Les proporcionamos piezas de madera para pintar o materiales con los que pueden trenzar pulseras. A los niños les encantan estas actividades, y los padres valoran especialmente que se olviden de los teléfonos y se concentren en lo que hacen con sus propias manos. En un mundo en el que los niños viven cada vez más pendientes de las pantallas y cada vez más alejados de la naturaleza, este tipo de experiencias resulta fundamental. Recuerdo, por ejemplo, un grupo de niños a los que retiramos los teléfonos el primer día. Hicimos excursiones, actividades prácticas y les enseñamos cosas nuevas; por la noche, por supuesto, podían hablar con sus padres. Pasearon en carreta, metieron las manos en la masa, pintaron y aprendieron a tejer en telar. Al final de las vacaciones, los padres estaban encantados y los niños exclamaban: “¡Son las mejores vacaciones que hemos tenido en nuestra vida!”.»
Entre tradición y modernidad, las comunidades locales de la provincia de Alba han sabido encontrar un equilibrio que permite a los visitantes disfrutar del confort actual sin renunciar a la autenticidad del mundo rural. De este modo, una simple estancia se convierte en una experiencia que invita a redescubrir las raíces, la naturaleza y el valor de las cosas sencillas.
Los precios del alojamiento parten de unos 350 a 450 leus por habitación y noche (entre 70 y 90 euros aproximadamente), aunque varían en función de la temporada y del tipo de alojamiento elegido.
Versión en español: Valeriu Radulian