La familia Ceaușescu
Una buena parte de la historia de Rumanía en la segunda mitad del siglo XX estuvo marcada por la familia Ceaușescu. En primer lugar, por Nicolae, el líder absoluto del país entre 1965 y 1989. Pero otros nombres tampoco tuvieron menos influencia sobre la gente y las decisiones, empezando por su esposa Elena, continuando con sus hijos y terminando con sus hermanos y sobrinos.
Steliu Lambru, 09.03.2026, 12:10
En la historia de Rumanía han existido familias que desempeñaron un papel decisivo en la formación del país, como las familias Brătianu, Cantacuzino, Golescu, Ghica o Lahovary, entre otras. Pero también existe el ejemplo de una familia con un papel nefasto, como es el caso de la familia Ceaușescu.
El régimen comunista supuso un grado extremadamente alto de corrupción y nepotismo en todos los niveles. Nicolae Ceaușescu, una vez que alcanzó en 1965 la posición más alta en el partido y en el Estado, aseguró su estabilidad mediante colaboradores leales, pero también mediante sus familiares. Su esposa Elena, sus tres hijos – Valentin, Zoe y Nicu – y sus hermanos Niculina, Marin, Maria, Florea, Andruță, Ilie, Elena e Ion ocuparon diversos puestos dentro de la jerarquía del Estado y tuvieron distintos grados de implicación y visibilidad. De origen modesto, los miembros de la familia Ceaușescu aprovecharon plenamente la oportunidad de alcanzar un estatus muy superior al que habrían podido obtenido en otras circunstancias. Entre todos ellos, Elena Ceaușescu fue la más influyente.
Maxim Berghianu fue un alto responsable relacionado con proyectos de desarrollo económico. En 2002, el Centro de Historia Oral de la Radiodifusión Rumana le preguntó si algún otro miembro de la familia, aparte de Elena, había influido en Nicolae Ceaușescu en la toma de decisiones.
«No creo que ninguno de ellos influyera en sus decisiones, por lo que yo sepa. No los conocí personalmente, pero sí conocía de vista a Florea Ceaușescu, que era periodista, un hombre modesto, reservado y en su sitio. Incluso fue investigado por Ceaușeasca porque se había mandado construir una casa por la zona de Snagov. Ella no veía con buenos ojos a los hermanos. A Nelu sí lo aceptaba, el pequeño, que era un hombre de carácter, un gran carácter. Yo trabajé con él en el Ministerio de Agricultura y era una persona muy sensata, un hombre bueno; quizá así habría sido el propio Ceaușescu si no hubiera tenido a una mujer así a su lado, empujándolo siempre hacia lo más oscuro, hacia lo que no estaba bien. Pero ese Nelu era un muchacho tranquilo y modesto, ayudaba a todo el mundo; realmente me gustó trabajar con él. Además, era respetuoso y correcto.»
La familia Ceaușescu dio también a la historiografía rumana al general Ilie Ceaușescu, hermano de Nicolae, que dirigía un instituto de investigaciones históricas y estudios militares. El instituto dirigido por Ilie Ceaușescu, junto con el Instituto de Historia del Partido Comunista Rumano, marcaba la orientación de la investigación histórica en Rumanía. Las directrices ideológicas, los proyectos editoriales y los planes de investigación válidos para todos los historiadores del país procedían del grupo reunido en torno a Ilie Ceaușescu. Maxim Berghianu recordaba tanto al hermano historiador de Nicolae como a Marin, el hermano mayor y el que llevaba más tiempo en las filas del partido, que se suicidó en la embajada de Rumanía en Viena durante los días de la Revolución de diciembre de 1989.
«Luego estaba Ilie, militar, al que no conocí personalmente, pero sé que era un hombre con inquietudes históricas, más bien reservado. Claro que todos eran doctores, toda la familia. Al otro hermano Nicolae tampoco lo conocí. Ni tampoco a Marin, que murió en circunstancias nunca aclaradas. Creo que debió de ser eliminado porque sabía demasiado sobre las cuentas.»
Dos de los tres hijos del matrimonio formado por Nicolae y Elena Ceaușescu, el primogénito Valentin y la hija Zoe, se caracterizaron por su discreción pública. No fue el caso del tercer hijo, Nicu, que se convirtió en el líder del grupo formado a su alrededor por los hijos de los altos cargos del régimen. Los rumores que circulaban antes de 1989 lo describían como un joven aficionado a las fiestas. Paradójicamente, recibió cargos políticos y parecía destinado a suceder a su padre.
Valentin Ceaușescu, físico de formación, desarrolló una auténtica pasión por el equipo de fútbol Steaua Bucarest, al que dirigió hasta la conquista de la Copa de Europa en 1986. Zoe Ceaușescu, matemática, fue aún más discreta y trabajó en el Instituto de Matemáticas de la Academia Rumana.
Maxim Berghianu amplía detalles:
«Cuando Pacepa publicó sus memorias, Horizontes rojos, allí aparece alguien que tuvo una relación con Zoe y desaparecieron durante unos días. Ella trabajaba en el Instituto de Matemáticas; Zoe era muy inteligente y una excelente matemática. No sé nada de su vida privada, ni me interesó nunca, pero sé que era una buena especialista y que trabajaba en el instituto por méritos propios. Y no sé adónde se fue con aquel muchacho, a una cabaña por algún lugar, y los agentes de seguridad no lograban encontrarla. En relación con ese ingeniero, que se llamaba Mihai, Pacepa escribe que la señora Ceaușescu lo llamó y le dijo: “Escucha bien. A este ingeniero Mihai, en un mes, envíalo a Conakri, en la Guinea de Sékou Touré. Allí, según nos contó el embajador, hay una enfermedad transmitida por una mosca que te pica y en dos días se te hincha la cabeza como una sandía y mueres”. ¡Allí tienes que enviarlo! Así lo cuenta Pacepa en Horizontes rojos.»
La familia Ceaușescu alimentó durante décadas la imaginación de los rumanos y mucho se ha dicho sobre ella. Fue una familia que llegó al centro del poder únicamente gracias a un régimen que promovió la represión y el clientelismo, como fue el comunismo.
Versión en español: Valeriu Radulian