La nacionalización de las minas
En junio de 1948, el Gobierno comunista promulgó una ley mediante la cual todos los medios de producción pasaban a ser propiedad del Estado. Así, toda la economía quedó estatalizada. Las minas fueron, naturalmente, también nacionalizadas y, además, consideradas estratégicas, por lo que a la minería se le otorgó una importancia crucial dentro de la economía.
Steliu Lambru, 18.05.2026, 12:55
La minería es una actividad ancestral en el territorio de la actual Rumanía y aparece mencionada desde las primeras referencias a las comunidades asentadas en el interior del arco carpático. Una de las particularidades de la minería rumana ha sido siempre su diversidad: minería del carbón, de la sal, de metales preciosos y de metales raros y especiales. Más que una simple actividad económica, la minería configuró un auténtico universo profesional, con una fuerte identidad colectiva y profundas manifestaciones de orgullo local.
El régimen comunista, instalado en el poder en Rumanía el 6 de marzo de 1945, perseguía la eliminación de la propiedad privada. La llamada «nacionalización», presentada entonces como una medida popular pero percibida por muchos como una confiscación, fue promulgada el 11 de junio de 1948 y afectó también a las minas.
En 1971, Ion Bică, antiguo militante comunista clandestino, recordaba la toma de control de las minas de Gorj. Su testimonio quedó conservado en el archivo del Centro de Historia Oral de la Radiodifusión Rumana, junto a otros relatos de personas vinculadas al mundo minero que vivieron aquellos acontecimientos.
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«Tuve el honor de contar con la confianza de la dirección provincial del partido en aquel período, cuando se me encomendó la misión de participar aquella noche en la toma de control de la mina Schela. Guiados por la organización del partido y junto con los miembros del partido de la localidad, asumimos el control de la mina sin dificultades. Todavía recuerdo el momento en que nombramos por primera vez a un director de mina surgido de las filas obreras, el camarada Iosif Pop. En plena noche, emocionado por la importancia de aquel momento, preguntaba si realmente podía ocupar ese cargo. Nosotros le respondimos: “Ya eres director y, desde este momento hasta mañana, cuando lleguen otros camaradas para ayudarte, serás responsable de todo lo que ocurra en esta mina”.»
En 2001, Ioan Cobori, vecino de la localidad minera de Roșia Montană, afirmaba que la nacionalización de 1948 fue vivida como el cierre de las minas.
«Las minas cerraron y la gente desmontó los “șteampuri” [instalaciones utilizadas para triturar el mineral], porque les pertenecían. Después cada uno se marchó adonde pudo. Los mayores se quedaron porque no tenían otro lugar al que ir, mientras que los más jóvenes se fueron. Yo me marché a Ghelari. Trabajé allí tres años como minero. Después fui a Teliuc durante un año. De Teliuc me trasladé a Bumbești-Livezeni y luego a Petrila. Pasé tres meses en Petroșani, en la mina Petrila.»
En 2001, el ingeniero Eliazar Dumitraș confirmaba las palabras de Ioan Cobori.
«Después de la nacionalización, la gente se dispersó en distintas direcciones, hacia obras y otros lugares donde buscaban trabajo. Otros, que no tuvieron esa posibilidad porque eran mayores o estaban enfermos, se quedaron en casa, ocupándose de sus hogares. La nacionalización se hizo de manera muy simple: una mañana se emitió una orden según la cual nadie podía volver a entrar en ninguna mina, porque todas habían pasado a manos del Estado. La gente quedó desconcertada, naturalmente, porque aquello alteró por completo sus vidas. Yo tenía 22 años y no entendí gran cosa, salvo que nos habían prohibido entrar en la mina. No comprendía realmente qué significaba la nacionalización, porque no tenía la formación necesaria para entender aquellos conceptos económicos. Después de la nacionalización, los “șteampuri” fueron desmontados. Cada propietario desmontó su instalación, la llevó a casa y, como estaban hechas de madera, terminaron utilizándolas para otros fines o incluso como leña. Las quemaron.»
La nacionalización provocó despidos y Toderaș Brutus recordaba en 2001 la enorme preocupación que se apoderó de quienes dependían de la minería para sobrevivir. Aquella angustia se sumaba a la incertidumbre general y al miedo provocado por unas autoridades brutales y opacas.
«La gente se fue a trabajar, los “șteampuri” seguían funcionando, se acostaron por la noche y a la mañana siguiente despertaron con la noticia de la nacionalización. Cayó sobre ellos como un rayo. No hubo rumores previos porque, de haberse sabido algo, la noticia se habría propagado enseguida. Entonces se anunció que nadie tenía permitido entrar en la mina. Todo el mundo fue a recoger sus herramientas porque ya no podían trabajar en las minas privadas. Se organizó un grupo de vigilancia vinculado a la explotación de Roșia Montană, encargado de supervisarlo todo. La gente retiró las herramientas y todo lo que tenía allí. Les permitieron lavar el mineral que todavía quedaba en los “șteampuri” para obtener oro. Pero el suministro de agua fue interrumpido, de modo que las instalaciones dejaron de funcionar y el mineral restante ya no pudo triturarse. La gente estaba desesperada. Tenían hijos, familias que mantener y muchos otros gastos. Todos se preguntaban: “¿Qué vamos a hacer?”.»
Después de 1989 y de la caída del régimen comunista, la nacionalización, profundamente rechazada por gran parte de la sociedad, quedó asociada a los abusos del antiguo régimen, aunque la minería siguió en manos del Estado. Desde entonces, la actividad minera se ha reducido considerablemente y su futuro oscila entre el pesimismo y la esperanza.
Versión en español: Valeriu Radulian