Rumanía y los movimientos de liberación nacional en el Tercer Mundo
Las tendencias en las relaciones internacionales después de la Segunda Guerra Mundial se orientaron claramente hacia la descolonización y el fomento de la independencia de las antiguas colonias. Así surgieron los movimientos de liberación nacional. Había una ambición por crear un mundo nuevo, mejor y más justo. De este modo, el interés externo de Rumanía se dirigió hacia África y Asia a principios de la década de 1960.
Steliu Lambru, 26.01.2026, 17:59
La separación de Rumanía y de los demás estados socialistas de Europa de la tutela soviética significó una mayor iniciativa. El Tercer Mundo se volvía atractivo y Rumanía envió a sus diplomáticos para promover sus intereses.
Mircea Nicolaescu fue embajador de Rumanía en Egipto a partir del año 1961. En 1996, contó al Centro de Historia Oral de la Radiodifusión Rumana cómo Rumanía había apoyado los movimientos de liberación nacional, siendo la liberación de Palestina uno de los puntos en su agenda en la región del Oriente Medio.
«La actitud frente al movimiento de liberación palestino se situó dentro de la actitud general de nuestro país frente a los movimientos de liberación nacional. Todos los de África tenían su sede en El Cairo hasta 1963, a medida que obtenían su independencia. En primer lugar, los movimientos de liberación eran considerados como emanaciones locales y, por lo tanto, la necesidad de estructurarlos se limitaba al ámbito interno, al interés de los pueblos respectivos, frente a los cuales teníamos el deber internacional de coordinar nuestro apoyo político. En otras palabras, independientemente de su orientación y de de sus luchas internas –que también estaban presentes en casi todos los movimientos de liberación nacional, incluido el palestino–, no superamos esta visión de manera pública ni oficial, ni tampoco en lo que respecta a la organización de nuestras relaciones directas con estos movimientos. La aplicamos también en el caso del movimiento de liberación palestino».
África era un territorio muy poco visitado por los rumanos y se volvía generoso diplomáticamente a medida que las poblaciones locales lograban emanciparse. De nuevo Mircea Nicolaescu:
«Lo que hicimos nosotros en El Cairo con respecto al movimiento del Congo se tuvo que hacer con mucha precaución. Allí, el movimiento de liberación no fue un movimiento unitario y hubo intentos muy serios desde fuera de orientarlos y subordinarlos a los intereses de las grandes potencias. El movimiento del Congo fue el más fuerte y resultó que una de las ramas estaba bajo tutela soviética. Otra rama estaba bajo tutela estadounidense, otra estaba bajo tutela china. Se sabe que, por parte de las grandes potencias, hubo allí una gran mezcla, como también en Angola y Mozambique, en gran medida en Kenia, y en menor medida en Tanganica. Nosotros brindamos apoyo a todos estos movimientos, a los que lo solicitaron, en función de nuestras posibilidades. Pero ofrecimos un apoyo igual a todos los movimientos. En nuestra embajada, por ejemplo, no solo acudían los representantes de un único movimiento congoleño. Éramos los únicos a los que acudían todos».
Rumanía fue muy clara en cuanto a su implicación: las voluntades locales eran las que decidían cuál sería su futuro político. A continuación, Mircea Nicolaescu:
«Éramos los únicos de los que partían con la idea de que el problema de la liberación, de la realización del Estado, era suyo. Les decíamos que lo hicieran ellos y, en lo que nos concernía, lo que nosotros podíamos hacer era apoyar políticamente su tendencia en los organismos internacionales. Nos comprometíamos a actuar allí para ofrecer apoyo directo, incluso material. Así ocurrió, por ejemplo, en el ámbito de la ONU. Pero en cuanto a venir a nuestro país, no, no tenían lugar. Para nosotros, ellos no eran un movimiento comunista ni capitalista ni a favor de China. Para nosotros eran un movimiento de liberación nacional».
Esta posición equilibrada le trajo ventajas a Rumanía, como confesaba Mircea Nicolaescu:
«No fue casualidad que tuviéramos relaciones buenas y muy buenas desde el punto de vista político, ideológico y humano con absolutamente todos los países que se liberaron durante este enorme proceso. En solo seis años, de los tres estados independientes que tenía África cuando me enviaron como embajador a Egipto en 1961, a saber, Egipto, Liberia y Etiopía, se llegó a 60 estados independientes. Fue un movimiento que, con el tiempo, aseguró el acceso más amplio a la independencia de diversos pueblos, algo que también se notó en la ONU. Tuvimos relaciones muy buenas con el Congo, orientado hacia la derecha –me refiero al Congo-Zaire– pero también con el Congo-Brazzaville, orientado categóricamente hacia la izquierda. Tuvimos relaciones muy buenas con Kenia, con orientación populista, hacia la derecha, pero también con Tanganica y con los demás. Pocos países fueron capaces de mantener un equilibrio semejante. Y eso nos ayudó muchísimo».
La implicación de Rumanía en el apoyo a los movimientos de liberación nacional en el Tercer Mundo fue una que siguió las ideas y tendencias de la época. Evidentemente, la implicación también le trajo beneficios.
Versión en español: Mihaela Stoian