La unión de los rumanos
La Unión del 24 de enero de 1859 de los Principados de Moldavia y Valaquia fue un objetivo fundamental de la generación de 1848. Ambos formaron Rumanía y sentaron las bases de un Estado entre los Cárpatos y el Danubio, que las ideas modernas acercaron a Occidente.
Steliu Lambru, 09.02.2026, 13:02
La unión de los Principados de Moldavia y Valaquia del 24 de enero de 1859 fue uno de los tres grandes momentos de la historia rumana del siglo XIX. Es el acto fundador de Rumanía, junto con dos otros momentos igualmente importantes: la independencia del Estado en 1877 y la proclamación del reino en 1881. Sin embargo, más allá de la unión propiamente dicha, la formal, significó una serie de esfuerzos intensos realizados por las élites y el pueblo para que el Estado rumano se articulase.
El historiador Ioan-Aurel Pop es el presidente de la Academia Rumana y su opinión es que, aunque la unión de los rumanos fue un acto realizado tarde, en comparación con las naciones de Europa Occidental, no por ello deja de ser menos importante.
«Creemos que lo hicimos un poco tarde, nosotros, los rumanos, en comparación con otros pueblos. Sobre algunos de los pueblos de Europa Occidental se dice que lograron convertirse en naciones en los siglos XV y XVI y formar estados nacionales. Nosotros, aquí, en Europa Central y del Sudeste, lo hicimos mucho más tarde, con más dificultad. Los rumanos son los últimos en llegar a esta lista, si queremos situarnos entre los pueblos con historia. Ellos están situados geográficamente de manera algo excéntrica con respecto a la zona central del continente. Cuando los rumanos de Transilvania y Bucovina formaban parte del Imperio Romano-Germánico, luego del Imperio Habsburgo, a partir de 1806, y más tarde del Imperio Austro-Húngaro, a partir de 1867, eran considerados un pueblo sin historia. Eso era lo que se enseñaba en la escuela».
La emancipación de los rumanos se produjo cuando la idea de estado nacional y la del conocimiento de su propio pasado se convirtieron en decisivas en la manera en que el hombre del siglo XIX imaginaba el mundo nuevo.
«Nos consideraban un pueblo sin estado y, al no tener estado, éramos un pueblo sin historia. La construcción de los estados nacionales en nuestra zona fue más o menos en el siglo XIX, para todos los pueblos circundantes. Los primeros en empezar fueron los griegos, enormemente ayudados por el Occidente. Cuando se logró la liberación de Grecia, a principios del siglo XIX, más o menos en la época en que en nuestra tierra había disturbios, Tudor Vladimirescu estaba en la colina Cotroceni, esperando a que entrara en Bucarest. Y entró, fue casi gobernante durante dos meses e introdujo las primeras reformas modernas. En Grecia, la lucha estaba en su apogeo y, al final, las Grandes Potencias ayudaron a la independencia de Grecia. Un famoso poeta inglés de entonces, Lord Byron, murió a sus veintitantos años en la localidad de Mesolongi, defendiendo a Grecia con ideales románticos. Pero no porque amara necesariamente a los griegos de entonces, sino simplemente porque admiraba la democracia de los antiguos griegos».
Los rumanos no fueron los únicos que hicieron su propia unión. Fue una idea de la época que otros también adoptaron.
«Y a nosotros también nos tocó el turno, también en el siglo XIX, junto a estos pueblos, que eran, según se enseñaba en las escuelas de Austria aún en la década de 1990, pueblos periféricos. Existían pueblos del centro y pueblos periféricos. Nosotros, los del lado más alejado de la Europa occidental, y sobre todo los ortodoxos, éramos considerados un pueblo periférico. Este pueblo hizo un plan. ¿Cuántas veces no ha sucedido que alguien diga que la unión la hicieron las Grandes Potencias? ¿O algunos excéntricos que no tenían nada que hacer? ¿O aventureros extranjeros? Es bueno que pensemos un poco también en nosotros, en lo que hicieron los nuestros. ¿Fueron todos pasivos? Aquellos boyardos marginales de Valaquia y Moldavia, hacia 1770-1780, cuando los habitantes de Transilvania redactaban memorias ante la Corte de Viena por los derechos de la nación rumana de Transilvania, ellos redactaban memorias por un Reino de Dacia».
La unión de los rumanos tuvo, por lo tanto, una dinámica propia antes de convertirse en realidad en 1859. A continuación, Ioan-Aurel Pop:
«Alrededor de 1840 se escribían poesías patrióticas. Era la idea que llamamos, porque tenemos testimonios de la época, del daco-romanismo, cuando se discutía si el nuevo país que se crearía se llamaría Rumanía o Dacia. Otros dicen que nuestra élite trabajó antes de 1848. Los líderes rumanos crearon la nación rumana con un estado nacional porque se daban ciertas condiciones aquí. En primer lugar, lo que algunos no creen, era el factor lingüístico. El idioma fue fundamental. Mihail Kogălniceanu, en 1843, cuando estrenó el curso de historia nacional en la Academia Mihăileană de Iași, comenzó así: yo llamo patria a toda esa extensión de tierra donde se habla rumano. Vasile Alecsandri escribió Hora Unirii y la publicó en 1857. Andrei Mureșanu, en Transilvania, escribió el poema Un răsunet. ¡Deșteaptă-te, Române!, también en aquellos años. El poema fue publicado en 1848, pero lo escribió antes. Anton Pann nació en el territorio que hoy es Bulgaria y él es el autor de la música del himno nacional».
La unión de los rumanos de 1859 fue una idea, un valor, un sentido de la existencia que tuvieron los de entonces. Y hoy es un elemento identitario, un patrimonio y una herencia.
Versión en español: Mihaela Stoian