En Rumanía, la Nochevieja es una ocasión especial en la que la gente se reúne para celebrar el paso de los años y dar la bienvenida al nuevo año con alegría y optimismo.
Hoy vamos a recorrer juntos historias, aromas, sabores y tradiciones que mantienen viva la Navidad y el Año Nuevo para los rumanos que viven lejos de su tierra natal.
Los villancicos rumanos tienen una larga y rica historia, estrechamente ligada a las tradiciones y creencias del pueblo rumano. Sus letras hablan de acontecimientos bíblicos, como el nacimiento de Jesucristo, pero también de aspectos relacionados con la vida en el pueblo, amor, amistad, generosidad y solidaridad.
Hoy examinamos la forma en que se vive la Navidad en Rumanía desde un punto de vista poco frecuente en los discursos convencionales sobre estas fechas: el aspecto digital. No vamos a hablar de recetas, tradiciones o símbolos; en cambio, nos enfocaremos en cómo la tecnología se ha integrado en la vida cotidiana de los rumanos en diciembre y cómo modifica comportamientos, rutinas y formas de relación.
La inscripción en la Lista Representativa destaca el valor artístico y cultural de la cobza, así como su función social.
Cuando llega diciembre, Rumanía se transforma. Las ciudades se iluminan, los pueblos cobran vida y las tradiciones antiguas vuelven a sentirse en cada casa.
Los mercadillos navideños se han convertido en uno de los eventos más esperados de la temporada de frío. Con la llegada del invierno, cada vez más ciudades de Rumanía se transforman en lugares de ensueño, donde el ambiente festivo cobra vida gracias a espectaculares instalaciones de iluminación, conciertos y actividades interactivas para todas las edades.
La exposición «Rumanía. La representación de la identidad a través del traje popular en el arte», está abierta al público en la Galería Nacional del Museo Nacional de Arte de Rumanía, desde el 21 de noviembre de 2025 hasta el 8 de febrero de 2026.
La Gran Unión de 1918 se logró mediante la acción conjunta de las élites políticas, militares y culturales rumanas del Reino de Rumania, Besarabia, Bucovina y Transilvania, así como mediante la voluntad popular expresada en asambleas y a nivel local.
Cuando pensamos en el orgullo de un pueblo, no hablamos sólo de banderas o himnos. Hablamos de aquello que hace latir más fuerte el corazón cuando alguien menciona tu país. Y Rumanía, aunque a veces discreta, tiene mucho de qué sentirse orgullosa.
El Santo Apóstol Andrés fue el primer predicador del Evangelio a los geto-dacios, nuestros antepasados en el territorio entre el Danubio y el mar Negro, conocido entonces como Escitia, pero también en los territorios más allá del río Prut, al norte de Dobruja. El santo llegó a nuestro país alrededor del año 55 d. C.
Hoy vamos a hablar de algo que nos preocupa a todos: el futuro del trabajo. Qué profesiones serán las más demandadas, cuáles podrían desaparecer, y cómo se prepara Rumanía para ese cambio.
Estamos en un período de purificación espiritual, pero también de ayuno, en el que los creyentes se abstienen de consumir carne, huevos y productos lácteos, sustituyéndolos por verduras, frutas, cereales y aceite vegetal. Según la tradición popular, esta festividad se considera una frontera entre dos mundos: el de las fiestas y la comida abundante, y el de la moderación, la oración y la purificación del alma. Muchos creyentes acuden a la iglesia ese día para recibir una bendición antes de comenzar el ayuno.
Además de castillos, bosques y leyendas, Rumanía esconde bajo su superficie un universo subterráneo de belleza y misterio. Entre las más impresionantes cuevas hay una que destaca por su historia, su posición única y los secretos que aún guarda: la Cueva Veterani, situada a orillas del majestuoso río Danubio.
Pocos saben que, hace cien años, Rumanía era el segundo mercado productor más grande de Europa, después de Francia, por supuesto. Fue el brillante período de entreguerras, cuando Bucarest era conocida como la Pequeña París, y las marcas francesas de perfumes tenían fábricas aquí, entre los Cárpatos y el mar Negro: Coty, Guerlain, Lubin. La propia reina María de Rumanía fue promotora de la marca Houbigant.