Brâncuși – La fotografía. El taller invisible
En Târgu Jiu se ha inaugurado la exposición «Brâncuși – La fotografía. El taller invisible», que reúne fotografías realizadas por el célebre escultor rumano. Constantin Brâncuși fotografió sus obras y los pedestales en su taller de París, y 33 fotografías originales, procedentes de la colección David Brob Gallery, se presentan en esta singular exposición. Nacido hace 150 años en el pueblo de Hobița, cerca de Târgu Jiu, Brâncuși es homenajeado tanto a nivel nacional como internacional. En Târgu Jiu se encuentran sus monumentales obras al aire libre: «La Mesa del Silencio», «La Puerta del Beso» y «La Columna del Infinito», realizadas por Constantin Brâncuși entre 1937 y 1938.
Ștefan Baciu, 31.10.2026, 14:00
En 2026, declarado por ley «Año Constantin Brâncuși» para conmemorar el 150.º aniversario del nacimiento del célebre escultor, se han organizado conferencias y se han inaugurado exposiciones en Rumanía y en el extranjero para rendir homenaje al artista que ejerció una influencia decisiva en el arte moderno universal. En este contexto, la ciudad de Târgu Jiu acogió, del 22 al 26 de octubre, la Conferencia Internacional «La filosofía de la forma», dedicada al célebre artista rumano.
Constantin Brâncuși nació el 19 de febrero de 1876 en el pueblo de Hobița, situado a poca distancia de la ciudad de Târgu Jiu. Entre 1894 y 1902 cursó estudios en la Escuela de Artes y Oficios de Craiova y, posteriormente, en la Escuela de Bellas Artes de Bucarest. En 1905 llegó a París, donde llamó la atención de Auguste Rodin. Tras un período de aprendizaje en el taller de Rodin, realizó sus primeras esculturas en un estudio del barrio de Montparnasse. En 1916 instaló su taller en Impasse Ronsin, donde creó las obras que alcanzarían reconocimiento mundial. Desde su llegada a la capital francesa, Constantin Brâncuși sintió una gran atracción por la fotografía y, tras recibir una cámara fotográfica, comenzó a fotografiar sus propias esculturas.
En la exposición «Brâncuși – La fotografía. El taller invisible», inaugurada recientemente en Târgu Jiu, el público puede contemplar 33 fotografías originales realizadas por Constantin Brâncuși, procedentes de la colección de David Grob Gallery. Al principio, Brâncuși fotografiaba sus obras con el objetivo de recaudar fondos para fundir en bronce los estudios que había modelado en arcilla. Las fotografías expuestas fueron tomadas en una etapa posterior y, en su mayoría, en el taller. En ellas se aprecia cómo incide la luz sobre las esculturas y sus pedestales.
Eduard Enache, un joven investigador de la obra de Constantin Brâncuși, presenta su primera exposición como comisario y nos ha explicado por qué Brâncuși se sintió atraído por la fotografía:
«Experimentó muchísimo y sintió una gran pasión por la fotografía. En sus últimos años, su fotografía ya no se interpreta como una simple nota a pie de página de su escultura, sino que se convierte más bien en una obra de arte autónoma. Como concebimos la exposición como una incursión en el mundo de Brâncuși, empezamos por la entrada a su casa, concretamente por el buzón que tenía en la entrada. La fotografía es anónima; no se sabe quién la realizó. Después entramos en una sección dedicada a los autorretratos. A partir de cierto momento, Brâncuși ya no permitía que otras personas fotografiaran sus esculturas y creó un pequeño laboratorio fotográfico en un rincón del taller, que pintó de blanco precisamente para confundirse con el entorno, desaparecer, volverse invisible en aquel taller blanco. En aquella cámara oscura se han conservado varios centenares de negativos en el Centro Pompidou de París, así como más de 1.500 fotografías. Vasile Georgescu Paleolog, que conoció a Brâncuși, escribió quizá las palabras más hermosas sobre el hecho de que Brâncuși esculpía con la luz. Y creo que aquí esto resulta evidente. Las fotografías de Brâncuși son el único lugar donde aún se conservan determinados experimentos que realizó. Quizá sean también la única forma en que Brâncuși, que no explicaba sus obras, nos habla de su escultura. A través de la fotografía, nos mostró cómo quería que viéramos sus obras, cómo deseaba que se expusieran, cómo quería que se iluminaran y, más aún, cómo deseaba que se interpretaran, porque realizó numerosas composiciones e instalaciones agrupando distintas obras».
Eduard Enache es discípulo de Doina Lemny, historiadora del arte e investigadora especializada en la obra de Constantin Brâncuși. Una de las secciones de la exposición «Brâncuși – La fotografía. El taller invisible», en Târgu Jiu, está dedicada a los autorretratos de Brâncuși.
Eduard Enache:
«La primera sección de la exposición está dedicada a los autorretratos y, en el centro de los tres autorretratos, tenemos un documento. Se trata de una solicitud de pasaporte que Brâncuși presentó en 1933 en la Legación de Rumanía en París. Esta solicitud nos lo muestra y contiene también una descripción realizada por el empleado que trabajaba allí, quien describió a Brâncuși como un hombre aparentemente corriente, de estatura media, ojos castaños y cabello canoso. Y aquí encontramos quizá la única imagen de toda la exposición en la que vemos a Brâncuși tal como lo veían los demás: como un ciudadano cualquiera que presenta una solicitud para obtener su pasaporte. En cambio, los demás autorretratos y fotografías nos muestran a Brâncuși tal como él quería ser visto y, quizá, recordado, porque era muy consciente de su propia importancia y de la posteridad. La historia de Brâncuși con la fotografía comienza en 1914, cuando, con motivo de su primera exposición individual en Nueva York, en la galería de Alfred Stieglitz, le escribió a este último que el fotógrafo había realizado muy mal las copias y que, a partir de ese momento, se encargaría él mismo de la fotografía y de fotografiar sus obras. Más tarde, Man Ray le ayudó a comprar una cámara fotográfica y un trípode, e incluso se ofreció a enviar los negativos al laboratorio. Brâncuși era un bricoleur, como suele decir la señora Doina Lemny; insistió en revelar él mismo sus fotografías. Creó su propia cámara oscura, su propio laboratorio fotográfico».
El comisario de la exposición, Eduard Enache, destacó que Brâncuși exigía que todas las visitas a su taller se anunciaran con antelación y se desarrollaran siguiendo un ritual, en función de la luz. Si el cielo estaba nublado, era muy posible que la visita se cancelara. Una de las secciones de la exposición está dedicada al taller de Brâncuși.
Eduard Enache:
«A continuación, entramos en el taller de Brâncuși, el lugar al que dedicó toda su vida y su existencia. En la exposición también tenemos fragmentos de películas de Brâncuși, algunas realizadas por él mismo, así como material audiovisual filmado por la señora Doina Lemny y el equipo del Centro Pompidou, que nos acercan de algún modo al presente y nos muestran el diálogo con la obra de Brâncuși a través del tiempo. En 1926, cuando el barco entraba en el puerto de Nueva York, Brâncuși vio Manhattan a lo lejos y contempló los rascacielos que se perfilaban en aquella época. Entonces dijo que la ciudad se parecía a su taller. Es decir, afirmaba que nada es fijo, nada es rígido, y precisamente eso es lo que vemos después en su obra. Realizaba numerosos experimentos con los pedestales. Este es un tema que he empezado a investigar recientemente y que, en mi opinión, todavía se ha estudiado muy poco en relación con Brâncuși».
El taller de Constantin Brâncuși en París se ha reconstruido a partir de las fotografías que dejó el célebre escultor rumano. En su testamento, Brâncuși legó al Estado francés alrededor de 700 negativos y más de 1.500 fotografías.
Versión en español: Brigitta Pană