En 1948, el régimen comunista disolvió la Iglesia rumana unida a Roma o greco-católica. Muchos prelados que se negaron a unirse a la Iglesia ortodoxa fueron encarcelados, las iglesias fueron confiscadas, las publicaciones fueron prohibidas y la enseñanza también. Sin embargo, en las cárceles, quienes estaban allí permanecieron fieles a su fe y la transmitieron.
Las tendencias en las relaciones internacionales después de la Segunda Guerra Mundial se orientaron claramente hacia la descolonización y el fomento de la independencia de las antiguas colonias. Así surgieron los movimientos de liberación nacional. Había una ambición por crear un mundo nuevo, mejor y más justo. De este modo, el interés externo de Rumanía se dirigió hacia África y Asia a principios de la década de 1960.
El colapso de la Unión Soviética en 1991 abrió el camino a la independencia de todas las antiguas repúblicas de la unión, y la República de Moldavia se convirtió en un Estado independiente el 27 de agosto de 1991. Sin embargo, en los distritos de la margen izquierda del río Dniéster, que pronto se declararían la República Moldava del Dniéster o Transnistria, políticos y grupos paramilitares respaldados por Rusia se preparaban para la secesión.
Después de 1945, Rumanía tuvo que aguantar un doble trato: como país derrotado en la guerra y como país ocupado por los soviéticos con un régimen brutal. La diplomacia también sufrió y tuvo que reconstruirse a partir de los años 60
Desde la segunda mitad del siglo XVI hasta la segunda mitad del siglo XIX, los monasterios ortodoxos de Valaquia y Moldavia estaban dedicados al Monte Athos. Esta dedicación significaba que todos los bienes que poseían los monasterios de los Países Romanos, así como los beneficios que obtenían de sus propiedades y actividades económicas, pertenecían a las comunidades athonitas.
Uno de los momentos más impactantes de la Revolución rumana de diciembre de 1989 tuvo lugar el 25 de diciembre, día de Navidad. Fue entonces cuando se llevó a cabo el juicio, la sentencia de muerte y la ejecución del líder comunista Nicolae Ceauşescu y su esposa, culpables de la muerte de más de 1100 personas entre el 16, 17, 21 y 22 de diciembre, hasta el 25. El controvertido juicio debería haber sido el momento del renacimiento de una nueva época, del renacimiento de una sociedad traumatizada durante 45 años por abusos y privaciones de todo tipo.
Después de casi una semana de grandes protestas, que empezaron la tarde del 15 de diciembre de 1989, el 22 de diciembre el régimen de Nicolae Ceaușescu ya no existía. Pocos después de las 12 del mediodía, el dictador, su esposa y algunos allegados huyeron en helicóptero desde el edificio del Comité Central del Partido Comunista Rumano, sede del poder durante 45 años.
El comunismo fue el régimen político más represivo que ha vivido la humanidad en toda su historia. Mujeres y hombres, jóvenes y ancianos, adultos y niños pasaron por las peores atrocidades que se habían imaginado hasta entonces y fueron calificados por el régimen de «enemigos del pueblo». En Rumanía, el comunismo fue tan represivo como en los demás países que tuvieron la desgracia de ser sometidos por él. Las mujeres rumanas, al igual que los hombres, pasaron por campos de concentración y prisiones, ya que eran consideradas «enemigas del pueblo».
El Acta de la Gran Unión del 1 de diciembre de 1918 fue posible gracias a los esfuerzos de toda la sociedad rumana, tanto de la élite como de la ciudadanía. Entre los grandes hombres de la Gran Rumanía, que formaban parte de la élite de entonces, se encontraba el cardenal greco-católico Iuliu Hossu, quien leyó los documentos de la Asamblea Nacional de Alba Iulia.
A partir de 1948, tras eliminar el último obstáculo que representaba el rey Miguel I, el régimen del partido comunista se dedicó a transformar Rumanía en un Estado socialista. Esto supuso también un cambio en el estudio de la historia, que se convirtió en una de las ciencias sociales y humanas más politizadas.
En el verano de 1919, las primeras competiciones deportivas después de la Gran Guerra fueron los Juegos Interaliados, que duraron dos semanas. Participaron 18 países, entre ellos Rumanía, las naciones vencedoras del conflicto. Rumanía no ganó ninguna medalla de oro, ya que 9 de los 10 títulos fueron ganados por atletas estadounidenses.
En 2025, la Iglesia Ortodoxa Rumana ha concluido un proyecto grandioso concebido hace más de 140 años. Desde entonces, tanto la Iglesia Ortodoxa como la propia Rumanía han atravesado grandes momentos históricos que han influido en todo lo que ha significado la relación con este imponente edificio.
Diplomático y cronista serbio que vivió en la segunda mitad del siglo XVII y principios del XVIII, George Brankovic dejó a la posteridad varios volúmenes de escritos. Algunos de ellos se refieren a los rumanos del principado de Valaquia, ya que vivió en Bucarest durante el reinado de Șerban Cantacuzino, entre 1680 y 1688
Después de que el partido comunista tomara el poder el 6 de marzo de 1945, con la ayuda directa de la Unión Soviética, el plan para cambiar radicalmente Rumanía también incluía la cultura. La nueva cultura socialista no era para nada libre, sino todo lo contrario, era violenta y represiva, y censuraba brutalmente el presente y, sobre todo, el pasado. Así, en las bibliotecas públicas rumanas se crearon fondos secretos en los que se reunieron libros, folletos y publicaciones prohibidas, la gran mayoría de los cuales habían aparecido antes de 1945-1948.
Las instituciones del Estado rumano se vieron deformadas a imagen y semejanza del régimen comunista instaurado en Rumanía en 1945 y que funcionó hasta 1989. La Academia Rumana fue disuelta en 1948 para ser refundada con el nombre de Academia de la República Popular Rumana y, a partir de 1965, Academia de la República Socialista Rumana. La biblioteca de la Academia también se vio sometida al mismo régimen, aunque logró funcionar en la medida en que lo permitían las rigurosas medidas de control del partido y del Estado