La caza real
Los soberanos de Rumanía sentían pasión por la caza, pero también la consideraban una obligación de su época. Las partidas de caza eran eventos privados, pero se convertían en públicos por su simbolismo y por los actos relacionados con ella.
Steliu Lambru, 27.04.2026, 12:47
Junto con la recolección y la pesca, la caza fue una de las actividades básicas del ser humano para procurarse alimento, tanto para sí mismo como para los demás. Sin embargo, la caza no fue solo una forma de obtener carne, pieles o cuero. También tuvo un carácter ritual, con significados mágico-religiosos, fue un signo de pertenencia a una élite social y un privilegio del poder, representado por un noble o un soberano.
Los cuatro reyes de Rumanía, Carlos I, Fernando I, Carlos II y Miguel I, también fueron cazadores. Organizaron la caza como institución, promovieron leyes y reunieron en torno a ellos a círculos selectos. La caza se convirtió en un espacio de encuentros diplomáticos, de promoción de causas sociales y en un instrumento de influencia. Con el tiempo, también pasó a formar parte del ámbito deportivo y del ocio. A través de la caza, los soberanos rumanos situaron a su país en el contexto europeo de su época.
La historia de la monarquía rumana, de la dinastía de Hohenzollern-Sigmaringen, comienza en 1866 con la llegada del príncipe Carlos a Bucarest. Fue el impulsor de gran parte de las estructuras del Estado moderno, incluida la organización de la caza. El historiador Narcis-Dorin Ion, que investiga la historia de la realeza rumana desde hace más de dos décadas, explica que el primer rey tuvo una relación distinta con la caza en comparación con sus sucesores.
«Todos los reyes de Rumanía fueron cazadores, empezando por Carlos I, que fue inscrito desde el primer año de su reinado en la primera asociación de cazadores de Bucarest. El príncipe fue integrado rápidamente en un entorno formado por boyardos, aristócratas y hombres de negocios que ya habían creado la asociación en 1866. En esa asociación se registraban también los resultados que obtenía en la caza. No fue un gran cazador ni mostró una gran pasión por esta actividad. Sin embargo, por razones diplomáticas, por la vida en la corte y por las visitas de otros monarcas europeos, tuvo que participar en este tipo de actos.»
Bajo los siguientes soberanos, la caza en Rumanía se desarrolló de manera sistemática. Narcis-Dorin Ion amplía esta idea.
«En el caso de Fernando I, Carlos II y Miguel I, los documentos muestran claramente que fueron grandes cazadores, apasionados, y que desarrollaron la caza en Rumanía. Esta actividad implicaba organización, no se trataba de salir a cazar sin preparación. Aparecieron asociaciones de cazadores y una legislación que comienza con Fernando I y continúa durante el reinado de Carlos II, con influencia francesa. Esa legislación llegó también al periodo comunista y sigue teniendo efectos en la actualidad.»
Como cualquier actividad, la caza necesitaba una infraestructura. El historiador ofrece más detalles.
«A partir de esa necesidad se organizaron grandes cotos reales de caza. Existieron en el Banato, como Casa Verde en Timișoara y el coto de Șarlota, así como el gran coto de Gurghiu, en el condado de Mureș, y la residencia de Lăpușna, también en Mureș. Algunos cotos fueron heredados de la aristocracia húngara, otros se desarrollaron posteriormente, como los de Gherghița, Periș, Drăgănești y Scroviștea, en los alrededores de Bucarest. Estos cotos se organizaban de forma sistemática, con presupuestos anuales y con el objetivo de gestionar y desarrollar la fauna cinegética. De los doce cotos, seis o siete contaban con abundante caza y estaban organizados en consecuencia.»
Contrariamente a lo que se cree, la caza no era ni es simplemente disparar a los animales. Narcis-Dorin Ion continúa.
«La situación de la fauna se presentaba mensualmente. Se conocía con precisión qué especies había, desde aves rapaces hasta tejones. También se registraba el número de grupos de lobos, osos o jabalíes, la presencia de depredadores y los casos de caza furtiva. Todo se comunicaba de forma sistemática a la Administración de las Cacerías Reales. Después de 1945, las tropas soviéticas de ocupación causaron importantes daños en estos cotos. Los documentos recogen estas situaciones. En Periș y en los cotos del Banato, las tropas en retirada devastaron gran parte de la fauna.»
Los documentos son esenciales para comprender el pasado, y la reconstrucción de estas cacerías se basa en estas fuentes. Narcis-Dorin Ion añade un último aspecto.
«En los archivos encontramos información sobre las armas que utilizaban los reyes, las marcas, su procedencia, la cantidad de munición utilizada, el destino de la caza y su aprovechamiento. Una parte se vendía, otra se destinaba a obras sociales o benéficas. Los documentos también incluyen los menús. Las cacerías terminaban con banquetes, y dado el nivel de los invitados, la comida estaba cuidadosamente seleccionada. Se conservan menús impresos, listas de bebidas y también registros de lo que se ofrecía a quienes participaban en la organización. Era un auténtico cortejo.»
Las cacerías reales tuvieron un papel importante en la historia de Rumanía, pero terminaron en 1947, cuando la monarquía fue abolida por el régimen comunista. Las nuevas élites continuaron practicando la caza, aunque ya sin las mismas funciones ni beneficios sociales.
Versión en español: Valeriu Radulian