La monitorización de la radio en los años de guerra
Durante la Segunda Guerra Mundial, la información que circulaba por las ondas de radio no era menos importante que la que se difundía a través de los periódicos u otros medios. Por ello, la escucha de las emisoras de radio formaba parte de la recopilación de información y de la lucha contra la propaganda. La tarea de escuchar y elaborar resúmenes informativos recayó en el Ministerio de Asuntos Exteriores.
Steliu Lambru, 15.06.2026, 12:22
A lo largo de la historia, las guerras siempre se han librado también por vías distintas de las militares. Espías, sabotajes, agentes de influencia y la propaganda pusieron sus capacidades al servicio de alterar el curso de los conflictos en los que participaban los ejércitos. La radio fue asimismo un escenario de la «guerra invisible», como se ha denominado a la Segunda Guerra Mundial en la literatura especializada. La propaganda radiofónica no se limitaba a simples ejercicios retóricos destinados a desmoralizar al adversario. También implicaba técnicas de elaboración dirigida de noticias y comentarios. Sin embargo, la propaganda se veía respaldada por la monitorización de las emisoras de radio.
Durante la Segunda Guerra Mundial, Rumanía combatió junto a las potencias del Eje desde el 22 de junio de 1941 hasta el 23 de agosto de 1944. Después del 23 de agosto de 1944 pasó al bando de las Naciones Unidas. Las emisiones de radio fueron objeto de una intensa vigilancia y Marieta Albert, perteneciente a la comunidad alemana de Rumanía, participó en la elaboración de resúmenes informativos, según relató en 1998 al Centro de Historia Oral de la Radiodifusión Rumana.
«Las condiciones para la recepción de las emisoras de radio siempre son más favorables junto a un lago, cerca del agua. Allí la recepción es mejor. Por esta razón, nuestra sección radiofónica estaba en Berlín, exactamente a orillas del lago Wannsee. Allí había un edificio muy grande que antiguamente había sido un gran hotel restaurante. Allí escuchábamos estas emisoras. Principalmente escuchábamos Londres, Moscú, Bari y Liubliana. Las escuchábamos en rumano, aunque también seguíamos esas mismas emisoras en alemán, de forma paralela.»
Marieta Albert contaba con una ventaja que le facilitaba el trabajo.
«Tuve la suerte de conocer la taquigrafía rumana y transcribía en taquigrafía las emisiones de las emisoras. De ese modo podía registrar con gran precisión lo que transmitían. No todos mis compañeros conocían la taquigrafía; otros tomaban notas como podían. Después de realizar la transcripción taquigráfica, disponía de mecanógrafas a las que les dictaba el contenido. Sin embargo, también tenía que traducir. Lo hacía así: tenía delante las notas taquigrafiadas en rumano y las iba traduciendo de inmediato para que las mecanógrafas las pasaran a máquina. Los textos mecanografiados se enviaban al Ministerio de Asuntos Exteriores, a Ribbentrop, y al Ministerio de Propaganda, a Goebbels.»
Aunque eran aliados, Rumanía y Alemania se vigilaban mutuamente. Marieta Albert.
«Escuchábamos con frecuencia Radio Bucarest porque los alemanes controlaban Rumanía. A pesar de la estrecha relación entre ambos países, las autoridades alemanas seguían de cerca todo lo que se emitía desde Bucarest. Escuchábamos a menudo Radio Bucarest. Recuerdo, por ejemplo, cuando el mariscal Antonescu pronunció un discurso y yo tuve que seguirlo. Lo transcribí inmediatamente en taquigrafía y luego lo traduje.»
Dos años después, en 1941, Marieta Albert se trasladó a Bucarest.
«Realizaba exactamente el mismo trabajo. Escuchaba emisoras de radio igual que en Berlín. Nuestra oficina estaba también junto al agua, como ya he explicado, a orillas del lago Snagov. Era un edificio grande, con planta superior, situado junto al lago Snagov, donde había numerosas villas. Había personas muy acomodadas que habían construido grandes residencias a orillas del lago, pero nuestro edificio no era una villa de lujo. Era una construcción alta, de al menos una planta. No sé a quién pertenecía porque no era una villa lujosa como las que había a ambos lados.»
El sistema de monitorización de Bucarest había sido copiado del de Berlín.
«En Bucarest era parecido a lo que existía en Berlín. Allí había muchas habitaciones y pequeños cuartos, y en cada uno había un gran receptor de radio Blaupunkt. Había espacios dedicados a distintos idiomas y se escuchaban emisiones en todas las lenguas. Yo estaba en el cuarto destinado al rumano y a las emisoras alemanas, pero también había cuartos para el inglés, el francés, el ruso y para muchas otras lenguas. Así era en Berlín y, de manera algo más modesta, también en Snagov, donde igualmente había muchas habitaciones.»
La monitorización de las emisoras de radio se realizaba tanto para las aliadas como para las enemigas. Marieta Albert.
«Escuchábamos emisoras en alemán y emisoras en rumano. También había otras personas que seguían emisiones en otros idiomas. Por ejemplo, para el inglés había salas con receptores Blaupunkt donde se escuchaban las emisiones en inglés por separado. En Bucarest hacíamos lo mismo: transcribíamos las emisiones en taquigrafía y después traducíamos las notas, exactamente como ya he explicado. Los materiales elaborados en Snagov, donde trabajábamos, eran enviados a la legación alemana en Bucarest.»
La monitorización de las emisoras de radio durante la Segunda Guerra Mundial fue una batalla librada a través de las ondas. Una batalla que ganaron los ejércitos, aunque con el apoyo de los medios de comunicación de masas.
Versión en español: Valeriu Radulian