Relaciones rumano-turcas en el siglo XX
Los rumanos mantienen una larga relación con los turcos, que se remonta a la llegada de estos a Europa. Tras la independencia de Rumanía del Imperio Otomano en 1877, las relaciones bilaterales se restablecieron y, en el siglo XX, se convirtieron en una de las amistades regionales más sólidas del sudeste de Europa.
Steliu Lambru, 16.03.2026, 11:30
Ninguna otra influencia ha sido tan importante para el espacio rumano durante el último milenio como la influencia turca. A partir de 1877, cuando Rumanía conquistó su independencia estatal, las relaciones entre los dos países entraron en una nueva etapa. En el siglo XX, Rumanía y Turquía construyeron una relación privilegiada basada en una larga tradición.
El jurista Radu Boroș, especializado en derecho aeronáutico, explicaba en 1995 al Centro de Historia Oral de la Radiodifusión Rumana cómo evolucionaron las relaciones bilaterales después de la Primera Guerra Mundial.
«Kemal, lo primero que hizo, fue intentar aislarse de Europa. Uno de los puntos de esa política de aislamiento fue trasladar la capital de Turquía de Estambul a Ankara. En Estambul no quiso mantener combinaciones comerciales, financieras o de otro tipo con las potencias del continente europeo. Por esa razón se interrumpió la línea aérea que la Sociedad Franco-Rumana operaba desde 1920 en la ruta París-Viena-Budapest-Bucarest-Estambul.»
Poco a poco, tanto los europeos como los turcos comprendieron que no podían avanzar por separado. Fueron los rumanos quienes abrieron el camino hacia un nuevo acercamiento. Radu Boroș recuerda:
«Hasta 1938-1939, cuando mediante el Tratado de Lausana se modificó el estatuto de los estrechos, los turcos no quisieron oír hablar de ninguna conexión aérea con Constantinopla. Solo después del Tratado de Lausana se planteó la cuestión y se abrió la posibilidad de vuelos desde Europa hacia Estambul. Nosotros, como rumanos, dentro de la Entente Balcánica, en la sección de aviación, teníamos también el problema del transporte aéreo, donde estaba prevista una conexión con Turquía. Mientras que con los otros países el objetivo era unir las capitales, con Turquía el objetivo no era unirnos con Ankara, la capital, sino con Estambul. En la política aérea de Rumanía figuraba la creación de líneas aéreas como apoyo y refuerzo de nuestras líneas de navegación marítima. A pesar de los esfuerzos realizados para obtener de Turquía la autorización para abrir la línea hacia Estambul, no lo conseguimos. No recibíamos ninguna respuesta, ni negativa ni positiva; siempre se nos decía que esperáramos. En la Asamblea General del Consejo Económico de la Entente Balcánica, en la sesión de abril de 1939, hacia el final de la reunión, el presidente de la delegación turca, Hasan Saka, nos comunicó que las autoridades turcas invitaban con urgencia a una delegación rumana a Ankara para concluir un contrato de concesión de la línea Bucarest-Estambul con la compañía aérea LARES.»
Vasile Șandru trabajó en el Ministerio de Asuntos Exteriores. En 1994 recordaba el proceso de normalización de las relaciones rumano-turcas, aunque los dos países estaban separados por la barrera de bloques militares opuestos.
«Rumanía fue el primer país que rompió esa barrera. Como país participante en el Tratado de Varsovia, Rumanía fue el primero en dar este paso hacia la normalización de las relaciones con Grecia y con Turquía. Entre Rumanía y estos dos países existían, en primer lugar, problemas relacionados con los atrasos financieros, es decir, bienes que habían pertenecido a ciudadanos de esos países y que habían sido nacionalizados en Rumanía después de 1948. No se había podido llegar a un acuerdo debido a la gran diferencia entre las reclamaciones de los antiguos propietarios y lo que podía ofrecer la parte rumana. Pero esto no era un problema que impidiera, en general, el desarrollo de las relaciones. El principal obstáculo estaba dictado, en la práctica, por la pertenencia a bloques opuestos.»
La visita del primer ministro rumano en 1966 abrió el camino para una cooperación más amplia entre los dos países. Vasile Șandru recuerda aquel momento.
«Fue una delegación numerosa, encabezada por el primer ministro Maurer. Participaron nuestro ministro de Asuntos Exteriores y numerosos representantes de ministerios económicos. Había viceministros de metalurgia, construcción de maquinaria, transportes, cultura y otros sectores. La visita se desarrolló en una atmósfera excepcional. El primer ministro rumano fue recibido con todos los honores, con compañía de honor, por el primer ministro Demirel en el aeropuerto. Se organizó todo el protocolo oficial, incluida la colocación de coronas en el mausoleo de Atatürk. Lo que me pareció muy interesante fue que en las discusiones oficiales participó, por parte turca, prácticamente todo el gobierno. Había al menos veinte o treinta personas del lado turco de la mesa, en dos filas, que asistían a las conversaciones. Puedo decir que escuchaban con gran atención las palabras de Maurer. Maurer presentó una exposición sobre los problemas de la coexistencia pacífica, utilizando la terminología de la época. Habló de la necesidad de la coexistencia pacífica como resultado de la evolución y de la revolución científico-técnica, del desarrollo económico, del papel de los países pequeños y medianos y del papel de países como Rumanía y Turquía en la promoción de la distensión. Con esta ocasión se firmó toda una serie de acuerdos. Se firmó un acuerdo que resolvió el problema de los atrasos financieros, un acuerdo cultural, un acuerdo de cooperación económica y otros seis o siete acuerdos que marcaron de inmediato la apertura de las relaciones rumano-turcas en todos los ámbitos.»
Las relaciones entre Rumanía y Turquía en el siglo XX constituyen la base de lo que existe hoy entre ambos países. Los dos estados continúan caminando juntos, como lo han hecho durante varios siglos.
Versión en español: Valeriu Radulian